El 12 de octubre de 1996, Hindú y Atlético del Rosario se alzaron como campeones compartidos del rugby de Buenos Aires; esa conquista marcó la primera de las 22 coronas del conjunto de Don Torcuato, que, a partir de aquel logro, se convirtió en el equipo más laureado de las últimas tres décadas.
En la última jornada, superó a Regatas por 40-10 y quedó a tiro de las semifinales del Top 14; desde la implementación de ese formato en 1998, el elenco de Don Torcuato es el que más veces logró ubicarse entre los cuatro mejores.
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Después de casi un siglo operando de manera orgánica, en 1995 Buenos Aires se separó de la Unión Argentina de Rugby (UAR). La primera competencia de la flamante Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) fue el torneo de 1996, una prueba emocionante en la que participaron 36 equipos, con una primera fase eliminatoria dividida en tres zonas de 12 equipos cada una, y en la segunda instancia con los mejores 12 disputándose la corona en la Zona Campeonato.
La Plata Rugby era el defensor del título en la incipiente temporada, cuyo estreno dejó una señal sobre quiénes podrían ser los candidatos, aunque no todos lo contemplaron así en ese momento. Lo concreto es que el cierre de ese año fue realmente electrizante, y también con una gran carga emocional. Fue, además, la última de las once veces en las que dos equipos compartieron la gloria. El 12 de octubre de 1996, Hindú y Atlético del Rosario alzaron el grito de campeón que llevaba décadas retenido. Uno dio la vuelta olímpica en su casa de Don Torcuato, y el otro, en la cancha de San Martín, en Sáenz Peña.
Los de Plaza, uno de los cinco clubes fundadores del rugby en nuestro país, hacía 61 años que no celebraban; lejanos en el tiempo emergían los logros de 1905, 1906 y 1935.
Y para Hindú fue su primer trofeo en los 74 años que llevaba vinculado con el rugby, desde su afiliación a la UAR en 1922. Aquella épica conquista representa el primer paso de una verdadera transformación. De exhibir un currículum con unos pocos acontecimientos relevantes, el club torcuatense pasó a ser el equipo más determinante y ganador de las últimas tres décadas.
En estos 30 años, Hindú ganó un total de 22 campeonatos de Primera: 11 torneos de la URBA (igualó al fundador Belgrano Athletic, en el cuarto puesto del ranking histórico del rugby bonaerense) y 11 copas del Nacional de Clubes, registro que lo identifica como el mejor del país. A esos éxitos, se le podrían sumar las seis consagraciones en el Seven de la URBA, y los campeonatos de juveniles que alcanzaron, en distintos momentos, las camadas 1980, 1985, 1992, 1993 y la 1995/1996.
Una jornada inolvidable
La sequía de Atlético del Rosario se rompió con el definitivo salto hacia el ingal de Pablo Oria. En casi nueve minutos de descuento del duelo con San Martín, Plaza perdía (27-30) y se esfumaba la posibilidad de reconquistar la corona. Pero el wing rosarino definió un avance profundo, gestado a partir de un scrum robado por el capitán Federico Risler y aprovechado por Octavio Bartolucci, que se había unido a los forwards en ese empuje con el alma. “El Loco” Oria los liberó de la angustia al decretar la victoria por 32-30; pese a que unos instantes después, el apertura Lautaro Serino falló por muy poco un intento de drop que hubiera sepultado el grito de los rosarinos.
Gonzalo del Cerro y José “Pepe” Constante eran los entrenadores del nuevo Atlético campeón, cuya campaña entregó un saldo de 19 éxitos y tres derrotas; 778 tantos a favor y 408 en contra. Además de los mencionados, otros baluartes de ese recordado plantel: Gabriel Estellés, Mauro Cingolani, Fernando Marchiaro, Leonardo Roldán, Emiliano Bergamaschi, Leandro Lobrauco, Federico Todeschini, Jorge Belotti y José Orengo, Iván Macat y Mario Gerosa.
Lo de Hindú se puede decir que el resultado de un arduo proceso, con varios años de vaivenes entre Primera y Segunda División (un doloroso recuerdo, por ejemplo, fue el desempate con Newman de 1986). Hasta que, en 1992, con la conducción de José Javier “Tito” Fernández y Carlos Suárez, el equipo sale campeón del torneo de Segunda (con un recorrido de 18 victorias y 4 caídas), vuelve definitivamente a la máxima categoría y en su reincorporación a la elite (25 de mayo de 1993), doblegó nada menos que a Alumni (por 25-23), que estrenaba en Tortuguitas su título de tetracampeón (1989, 1990, 1991 y 1992).
En 1993 terminó segundo, detrás del campeón SIC; en 1994 y en 1995 se ubicó en el cuarto lugar (misma clasificación alcanzada en 1964 y 1982), y más atrás en el tiempo, hay que destacar las dos veces que se ubicó tercero (1953 y 1981).
En la antesala de la presentación en la temporada 1996, el plantel superior de Hindú realizó una muy provechosa gira por Sudáfrica, para la cual, ante la necesidad de pilares, se reforzó invitando al Puma Roberto Grau. Durante la experiencia en la tierra de los campeones del mundo, el equipo que conducían “Tito” Fernández (en 1996 también integraba el staff de los Pumas) y Daniel Larré terminó de moldear su identidad y, al mismo tiempo, un estilo de juego revolucionario, sustentado en la intensidad física y la velocidad para hacer circular la pelota.
Proveniente de Deportiva Francesa, “Tito” Fernández se incorporó a Hindú en 1983 y llegó a jugar cuatro partidos en el equipo principal (San Patricio, SIC, CASI y Pucará), pero inmediatamente empezó a entrenar divisiones juveniles y es hasta el día de hoy que se lo ve por el club dando algún consejo, especialmente desde que su hijo (Santiago) tomó la posta como head-coach del plantel superior.
La primera señal reveladora
Y llegó la hora de dar muestras del aprendizaje. En la tarde del 11 de mayo de 1996 el rugby bonaerense recibió una señal: en Villa Celina, Hindú concretó la mayor goleada de la historia en la máxima división del rugby de Buenos Aires. En su visita a Banco Hipotecario, el conjunto torcuatense apoyó 18 tries en la arrolladora victoria por 119-12. En dicho encuentro, debutaron el cipoleño Tomás Solari (20 años) y Hernán “Chori” Senillosa (18 años); Solari apoyó siete tries (otro récord), mientras que Senillosa llegó al in-goal en cuatro oportunidades.
Entre los titulares volvió a estar el tucumano Pablo Garretón, autor de una conquista. El ex capitán de Los Pumas vino a Buenos Aires para hacer su residencia médica como neurocirujano en el Hospital Italiano, y a fines de 1992 tuvo su bautismo en Belgrano en el clásico con Alumni; en la temporada siguiente (1993) actuó en seis compromisos más, y después no siguió. En 1994 se incorporó a Hindú, y debutó el 5 de junio ante Los Matreros (victoria 13-6). En su paso por Don Torcuato, Garretón jugó 11 partidos en la Primera, ocho de los cuales fueron en la campaña de la anhelada consagración.
En la primera jornada del certamen ’96, Atlético del Rosario también logró un resonante triunfo; como anfitrión superó a Los Matreros por 71-16, con la descollante producción de un joven valor: Octavio Bartolucci (21 años) apoyó cinco tries.
El andar de Hindú en los once compromisos de la Rueda Clasificatoria siguió a paso firme en los primeros siete compromisos, con los triunfos ante Pucáar (31-30), DAOM (81-12), Newman (39-10), San Patricio (56-8), Deportiva Francesa (21-14), Buenos Aires (58-19) y Regatas (13-10). En la 9ª fecha, en San Isidro, sufrió el primer traspié: ante el CASI por 29-27, en un duelo signado por los incidentes (hubo tres expulsados) y que se resolvió en favor del Atlético en el tramo final con los tries de Felipe Hughes y Federico Bacci.
Momentos destacados de Hindú
Hindú completó la primera etapa del certamen con los éxitos frente a San Cirano (43-31) y San Fernando (40-18). De esta manera, quedó segundo (detrás del CASI) en la Zona C, con 20 puntos, consecuencia de una decena de triunfos y una caída. Atlético del Rosario finalizó como líder de la Zona A, con 20 unidades, después de 10 triunfos y una derrota.
En la Zona Campeonato, la segunda instancia decisiva del calendario, Hindú dejó en el camino a San Martín (36-22) y al SIC (53-27); pero en la 3ª fecha volvió a chocar con el CASI (derrota por 8-27, con siete penales de Matías Allen) y después se recompuso al doblegar por 17-19 a La Plata, el campeón defensor (try de Hernán Senillosa en tiempo de descuento), y a Buenos Aires (18-14). Acto seguido, regresó del viaje a Rosario con la caída más amplia de la campaña (13-50); Octavio Bartolucci marcó cuatro tries y Leandro Lobrauco aportó su puntería.
De ahí en adelante, los últimos cinco actos de Hindú fueron triunfales: con Olivos (38-23), Los Matreros (42-18), Belgrano (52-29), Alumni (24-16) y Regatas (19-13). Asi fue como los torcuatenses y los rosarinos finalizaron primeros, con 18 puntos (9 victorias y 2 caídas). Detrás se encolumnaron el SIC (16 puntos), el CASI, Buenos Aires y Alumni (con 14 puntos los tres).
Tomás Solari y Santiago Amaya anotaron los tries en el éxito consagratorio, mientras que el goleador Gonzalo Quesada aportó tres penales. Solari, que llegó desde su Río Negro natal el año anterior (1995), terminó como tryman del certamen, con un total de 27 conquistas, la segunda mejor marca de la historia.
La alineación de Hindú en la jornada histórica fue: Carlos Pirán; Tomás Solari, Juan de la Cruz Fernández Miranda, Pablo Pirán y Martín Pirán; Gonzalo Quesada y Nicolás Fernández Miranda; Juan Mourín, Santiago Amaya y Mariano Lorenzetti; Gonzalo Amaya y Maximiliano Martínez; Ariel Ayala, Gonzalo Pulido (capitán; Sebastián Sasaki) y Martín Grote.
No actuaron en el último encuentro Hernán Senillosa, Lucas Ostiglia, Pablo Garretón, Ramiro Amaya y José Cavallini. Los otros jugadores que participaron a lo largo de la campaña fueron: José Valeros, Martín Poderti, Javier Di Francesca, Facundo Serrano, Facundo Amaya, Ezequiel Mateu, Bruno Finiello, Federico Aschero, Adrián Mateuci, Andrés Sainz y Ricardo Rojas.
¿Y el símbolo del elefante?
La noche del 12 de octubre de 1996, todo Don Torcuato celebró hasta el amanecer. En los festejos hubo performances circenses, entre ellas, malabaristas. Y en plena algarabía, “El Negro” Fernández Miranda dejó un comentario que resonó: “Sólo nos faltó el elefante”. La expresión estaba basada en el escudo original de Hindú, que luce un paquidermo blanco.
A partir de ese momento, la inquietud comenzó a dar vueltas en la cabeza de los aficionados del club, hasta que casi una década después lograron materializar el deseo: durante la entrada en calor para la final del 28 de octubre de 2006 frente a Alumni, en el Club Newman, la hinchada (se hacen llamar “La 26”, por el kilómetro en que se encuentra Don Torcuato) apareció con un elefante de tamaño real, construido en fibra de vidrio por el artista Fernando Pugliese (fallecido en 2021), reconocido escultor, escenógrafo y creador del parque temático Tierra Santa.
Aquella tarde en Benavídez, Hindú conquistó su tercera corona de la URBA (primer título de una seguidilla de cuatro), y el rugby bonaerense escuchó por primera vez el agudo barritar del elefante de Torcuato. De esta manera, el ritual quedó instalado, con un sinfín de aventuras de por medio.
La escuadra del barrio
Los triunfos de Hindú transformaron definitivamente a la ciudad; todos se sienten identificados con los colores celeste y amarillo, razón por la cual el club creció significativamente, hasta llegar a los 2300 socios de la actualidad.
Los números rubrican de manera categórica el predominio de Hindú, pero desde el juego también llevó adelante una revolución. Los torcuatenses impusieron un estilo a partir del rigor físico, la velocidad y la dinámica. Desde afuera, el vozarrón de “Tito” Fernández marcaba el incesante ritmo. El entrenador dirigía la orquesta, y dentro del escenario encontraba respuestas de sus fieles intérpretes.
El inquebrantable sentido de pertenencia es un valor agregado. Y en ese tema hay que darle algo de crédito a Rodolfo O’Reilly. El ex coach de los Pumas dejó el CASI en 1969 para convertirse en el entrenador de Hindú en Segunda División, y permaneció allí hasta 1972. En ese tiempo, como la cancha de Don Torcuato no disponía de iluminación, los entrenamientos se realizaban en los lugares que se conseguían: en el Velódromo de la Ciudad de Buenos Aires, en el circuito KDT, en Parque Chacabuco, en River, en GEBA o hasta en la sede del CASI.
Pero “Michingo” cambió esa costumbre: les pedía a los jugadores que estacionaran sus autos mirando hacia el campo de juego y los dejaran con las luces encendidas. El otro consejo que modificó el destino del club fue: “Si lo que ustedes quieren es crecer, progresar, se tienen que mudar a Don Torcuato”. Así fue como, lentamente, los jugadores y sus familias empezaron a vivir más cerca del club.
Los orígenes
Para representar una pieza teatral de origen hindú, los alumnos del 5º año B del Colegio La Salle, conformaron La Troupe Hindustánica. El propósito original de estos adolescentes de 17 años era recaudar fondos para destinarlos a fines benéficos. Pero la aventura generó una interesante convivencia, que los motivó a ir un poco más allá y pensar en crear una entidad deportiva. Así nació Hindú Club el 10 de septiembre de 1919, en una reunión que se llevó a cabo en una habitación de la calle Alsina al 400, a unas pocas cuadras de la Casa Rosada. La amistad fue el leitmotiv de estos jóvenes soñadores, y la primera sede fue en la calle Progreso (actualmente, Pedro Echagüe 1760), en terrenos cedidos por Francisco Borgonovo -padre- y la familia Badino.
Empezaron con un ring de boxeo y una cancha de básquetbol de polvo de ladrillo. Por las secuelas que dejaba en los equipos la Primera Guerra Mundial, en 1919 no hubo actividad rugbística en nuestro país. Pero el 8 de noviembre de 1921, el rugby fue incorporado como disciplina en Hindú Club. Los jugadores llegaron del recientemente disuelto Club Huemac, entidad que apenas compitió sólo una temporada (1921) y cuyos representantes eran todos basquetbolistas de Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA). Durante quince años se le alquiló al Ferrocarril Sud una cancha en la localidad de Remedios de Escalada. Hasta que en 1938, Francisco Borgonovo compró unos terrenos en Don Torcuato: unas 83 hectáreas del Ferrocarril Central Córdoba, que incluían una cancha de golf. El rugby recién llegó a practicarse en el nuevo predio en 1947.
En la Asamblea del 24 de abril de 1922 de la The River Plate Rugby Union (actual UAR), se aprobó la afiliación del nuevo equipo, que así debutó oficialmente en Segunda División. En su primer torneo, Hindú disputó 14 partidos y no logró anotar ningún tanto. La presentación se dio ante Gimnasia y Esgrima, Hindú perdió por 18-0 y se alistó así: J. Jacobo, Juan Picazo Elordy, Conort, C. Pons, Billoch Newbery, Gastón Lacaze, Francisco Borgonovo, M. Futten, F. Futten, Alberto Lacaze, Sierra, A. Maffi, Borrás, Farini e Isidro Comas (capitán).
En 1924 Hindú alcanzó su primer logro: el domingo 27 de julio, en la cancha del Buenos Aires C&RC, en Palermo, en la final del Torneo Eliminación de Segunda (una competencia adicional que se organizaba antes del torneo principal), Hindú empató 3-3 con CUBA después de cuatro tiempos suplementarios de diez minutos cada uno: por eso, se disputó un partido de desempate 14 días más tarde (10 de agosto de 1924), en el mismo escenario. En dicho encuentro, los torcuatenses se mostraron superiores y vencieron por 6-0 (tries de C. Pons y de L. Leonard).
En 1925, junto con Pacific, Hindú tuvo su bautismo en la Primera División, certamen en el cual participaron siete equipos y los torcuatenses finalizaron sextos (dos triunfos, un empate y ocho derrotas).
En 1927, en la gira del Combinado Británico (los Lions), el club de Don Torcuato tuvo sus primeros Pumas: en el tercer partido con el seleccionado argentino debutó como fullback Carlos Derkheim, y en el cuarto cotejo, fue el turno del tercera línea Salvador Müller.
En 1945 hubo una nueva alegría. El 16 de septiembre, Hindú venció por 9-3 a Obras Sanitarias en la final del Torneo Eliminación de Primera (tries de scrum y de Guilhamelou), prueba que se organizó en simultáneo con el Campeonato Argentino. En las semifinales, el conjunto de Don Torcuato aventajó a Olivos por 16-3.
En los ’60 llega a Hindú un personaje entrañable y determinante: Jorge “el Tío” Comotto, artífice del espíritu que identifica a Hindú. En esos días, todos reclutaban gente que le interesara jugar al rugby y se armó una Cuarta, en la cual estaban, entre otros, Carlos “Caleque” Firpo, Juan José “Negro” Fernández Miranda, Julio Dhers y Miguel Ángel “Gurí” Ostiglia. Desde Pucará se unió Emilio “Ropero” Domínguez, unos de los que con conjunto de Burzaco logró el histórico triunfo ante Irlanda en 1952 (también jugó en ese partido Isidro Comas, el primer capitán de Hindú).
El legado en su máxima expresión marca la vida presente en Don Torcuato. Ahora los protagonistas son los representantes de la tercera generación de muchas familias, actores que recién empiezan a escribir su propio relato, incorporando capítulos a la fascinante historia de Hindú.