El domingo próximo surgirá un nuevo campeón de Grand Slam. Los protagonistas de la modalidad individual masculina de Roland Garros se juegan una oportunidad histórica para escribir su nombre en la historia. Sin el último campeón [Carlos Alcaraz, maltrecho, hace tiempo, de la muñeca derecha], sin el líder indiscutible del ránking mundial [Jannik Sinner, eliminado en la segunda ronda tras caer ante Juan Manuel Cerúndolo] y sin el máximo vencedor de majors [Novak Djokovic, derrotado de forma sorpresiva en la tercera ronda por João Fonseca], el Abierto francés se presenta como el desenlace más abierto de las últimas dos décadas.
En este marco tan cambiante de inicio a fin, Alexander Zverev, el alemán de 29 años y segundo cabeza de serie sobre el polvo de ladrillo de París, permanece como el foco principal y el punto de mira inequívoco. Profesional desde 2013 y contemporáneo de la era dominada por el Big 3, Sascha ha construido una trayectoria notable que podría haber brillado aún más de no cruzarse con Nole, Roger Federer y Rafa Nadal. Tampoco ayudó la final del US Open 2020 ante Dominic Thiem, en la que el austriaco dio la vuelta tras ir 0-2 en sets y se impuso en el tiebreak del quinto periodo.
Además de esa gran decepción en Flushing Meadows, Zverev cayó en las finales de Roland Garros 2024 ante Alcaraz y en la de Australia 2025 frente a Sinner. Con el número 2 del mundo como referencia, dos veces campeón del Masters y con siete títulos de Masters 1000 en su haber, además de una medalla de oro olímpica en singles (Tokio 2020 disputado en 2021), a Zverev aún le falta un título de Grand Slam. Es la única gran espina que lo acompaña. En numerosas ocasiones sus nervios le jugaron una mala pasada cuando se veía tan cerca de la gloria.
Este domingo, bajo un cielo gris y ya sin rastros de la ola de calor que marcó la semana, Zverev superó al neerlandés Jesper De Jong en el Philippe-Chatrier, con marcador de 7-6 (7-3), 6-4 y 6-1. Con este triunfo avanzó a los cuartos de final por sexta vez consecutiva, una estadística que desde 1990 solo habían mantenido Federer, Nadal y Djokovic. La presión crece. Este martes, su siguiente rival será el joven prodigio español Rafael Jódar, de 19 años y en camino a un top-20 (la temporada pasada era 707º), que remontó a Pablo Carreño Busta para vencerlo por 4-6, 4-6, 6-1, 6-2 y 6-2.
Zverev siempre fue una amenaza en Roland Garros. Desde Wimbledon 2015, cuando hizo su debut en el cuadro principal de un Grand Slam, este torneo parisino se ha convertido en el más eficiente de su palmarés: 42 triunfos frente a 10 derrotas (incluido el juego de este domingo ante De Jong). Además de la final de 2024 perdida ante Alcaraz, también disputó las semifinales de 2021 y 2022 (donde sufrió una dura lesión de tobillo mientras ponía al límite a Nadal) y la de 2023. La historia parece sonreírle al actual tercero del mundo, ya que los tres tenistas masculinos más veteranos que lograron su primer Grand Slam en la Era Open lo hicieron en París: Andrés Gimeno (a los 34 años y 10 meses, en 1972), Ken Rosewall (a los 33 años y siete meses, en 1968) y Andrés Gómez (a los 30 años y tres meses, en 1990).
“Siento que mi juego está ahí; ahora corresponde demostrarlo en la pista”, afirmó Zverev tras eliminar a De Jong. Su saque fue, una vez más, una clave para sortear obstáculos: consiguió un 75% de primeros servicios, ganó el 81% de los puntos con el primer saque (51 de 63; un promedio alto) y el 62% con el segundo. En total sumó 43 golpes ganadores. Avanza a cuartos de final habiendo perdido solo un set, el tercero frente a Quentin Halys.
“Jódar es un jugador increíblemente talentoso. Esta temporada en arcilla irrumpió con fuerza, pasando de estar fuera del top 100 a rozar el top-20 en apenas dos meses. Está jugando a un nivel tremendo y representará un reto difícil, pero tengo que confiar y estar preparado”, comentó Zverev, consciente de lo que se juega.
Y añadió, sin esquivar las viejas zonas de incomodidad: “Algo ha impedido que gane un Grand Slam. Al cierre de la campaña pasada me reuní con mi equipo y reflexionamos: debemos intentar más cosas, ser más agresivos, pegar más fuerte, acercarnos más a la red y variar más; por ahora está funcionando”. Veremos cómo evoluciona. Alemania lleva más de treinta años sin un campeón masculino de individuales en Grand Slams. El último fue Boris Becker, en Australia 1996, justo un año antes de que naciera Zverev. Muchos expertos ven a Sascha como un candidato ineludible: “es ahora o nunca”. Es difícil de asegurar, pero, por si acaso, Zverev parece dispuesto a convertirse en ese nuevo monarca que aproveche las ausencias destacadas, todo ello con su propio brillo. La gloria está en sus manos (y también en su mente).