Reside en Belgrado, dialoga con Djokovic en español y encabeza a su afición: “Los serbios y nosotros somos muy parecidos”

3 julio, 2026

LONDRES, enviado especial.- Silvina Funes llegó a Belgrado por un periodo breve, pero su vida dio un giro radical. Se fue a estudiar, conoció al que sería su esposo, Vuk, y se quedó en Serbia. Desde aquella distancia de Berazategui, la localidad bonaerense donde aún viven sus padres, mantiene una labor singular: dirige el club de fans oficial de Novak Djokovic y coordina gran parte de la comunidad local de admiradores del tenista serbio. Pero no es una aficionada de perfil ostentoso; asume esa responsabilidad con tal discreción que incluso el propio jugador y su equipo le han reservado un lugar especial.

Tiene 38 años, casi la misma edad que el GOAT (Greatest Of All Time, por la sigla en inglés de “El mejor de todos los tiempos) del tenis, y se reconoce parte de una generación que vio crecer al serbio desde sus primeros años en el circuito. Su vínculo con Nole empezó mucho antes de vivir en el país balcánico. Lo descubrió, primero, a través de los programas de tenis en los que los jugadores argentinos mostraban el detrás de escena del circuito. Allí aparecía Novak haciendo bromas, hablando de Maradona y mostrando un costado menos solemne que el del campeón implacable. “Me gustó cómo era fuera de la cancha”, recuerda Funes, de paso por el All England Club para ver a su ídolo en acción sobre el césped de Wimbledon.

No fue sólo el jugador: fue también la figura cercana, divertida, más parecido -según ella- a la sensibilidad argentina que a la distancia fría de una superestrella del deporte mundial. La primera vez que lo vio cara a cara fue en Buenos Aires, cuando Djokovic viajó en 2013 para jugar una exhibición con Rafael Nadal, en la despedida del tenis de David Nalbandian. Antes ya habían tenido contacto por Twitter, en una época en la que las redes todavía eran un territorio casi artesanal, sin ejércitos de community managers ni multitudes digitales.

Después, ya instalada en Belgrado, se cruzó con él de nuevo en la academia del serbio. En uno de esos encuentros, Djokovic la reconoció, le habló en español y le preguntó cómo iba con el aprendizaje de su idioma. Para ella, ese gesto resume una de las claves de su admiración: la calidez de un campeón que no se desentiende de los fans. En diálogo con LA NACION, Funes también explica por qué cree que Djokovic fue tantas veces presentado como el “villano” frente a Roger Federer y Rafael Nadal, cómo se organiza la “Nolefam” (abreviatura de Familia de Nole) y por qué la Argentina ocupa, según ella, un lugar especial en el mapa afectivo del serbio.

– ¿Qué representa para vos ser la presidenta del club de fans oficial de Nole?

– Llegué el viernes para el evento de la indumentaria que usa Novak, donde se presentaba la nueva colección GOAT. Esta vez agregaron novedades: en particular hicieron una cabra en dorado. Cada remera tiene un número específico; por ejemplo, decía “85 de 100”. Ahora lo hicieron en color verde también. La marca siempre escucha a los fans, es muy atenta también con nosotros porque sabe que Novak nos aprecia.

– ¿Cómo es tu historia personal? Viviste en Berazategui y sos profesora de inglés. Ahora que vivís en Belgrano estás más cerca de tus intereses…

– Soy de Berazategui, uno de los mejores lugares de Buenos Aires. Pero vine a estudiar a Belgrado hace cuatro años. Era por un tiempo corto. Conocí al que sería mi futuro marido, me casé ahí y me quedé. Así que ahora estoy en Serbia.

– ¿Y aprendiste el idioma?

– Lo básico. Si tengo que defenderme, puedo. Ahora tengo la residencia permanente. Pero hablar así como te estoy hablando ahora, o como hablo en inglés, no. Es más difícil, en especial porque mi marido habla español y hablamos en inglés. Además, trabajo para una compañía en la que estoy hablando en español todo el tiempo.

– ¿Y a qué se dedica la compañía?

– A arreglar cajeros automáticos en todo el mundo. Yo me dedico a España, así que hablo en español siempre y en general no necesito el serbio, que es un idioma muy complicado, por sus diferentes variantes y el hecho de que las palabras cambian de acuerdo al contexto. Una misma palabra puede tener tres formas distintas. Entonces, voy de a poco.

– ¿De dónde viene tu fanatismo por Djokovic? Es un jugador que rompe el molde: en las grandes citas se alimenta del contacto con el público…

– Básicamente, por los jugadores argentinos. Tengo 38 años -casi la misma edad que Novak-. En el inicio de su carrera, los jugadores argentinos tenían un programa llamado “Tenis Pro” en el que mostraban el detrás de escena del tour. Y casi siempre estaban con Novak: si lo veían, hacían alguna broma, él hablaba de Maradona e imitaba a otros jugadores. Eso me llamó la atención. Obviamente lo veía jugar; me gustaba cómo competía, pero más por cómo era fuera de la cancha. En ese aspecto se parecía mucho a los argentinos. Se percibía que para él era su trabajo, sí, pero también que disfrutaba estar con los fans. Así conocí otro lado de Nole.


Obviamente lo veía jugar a Novak y es espectacular como deportista, pero me gusta cómo es fuera de la cancha


– ¿Recordás cuándo lo conociste por primera vez?

– Sí, fue cuando vino a la Argentina para jugar la exhibición con Nadal. Lo conocí ahí, en el aeropuerto. Ya teníamos contacto antes por Twitter. Piensa: hace unos 16 años, Twitter o las redes sociales eran prácticamente inexistentes. Había muy poca gente. Por eso era más sencillo el contacto con Novak a través de las redes, porque casi nadie las usaba. No es que no tuviera fans, sino que casi nadie tenía Twitter o Facebook. Entonces, cuando vino al país fue la primera vez que lo vi, pero ya habían pasado cuatro o cinco años de contacto por Twitter o Facebook. Después, cuando me mudé a Serbia, lo vi un par de veces más, cuando estaba con su academia, que luego cerraron.

– ¿Pudiste conocer también a su familia?

– A la esposa la vi, pero más que nada estoy en contacto con los responsables de la Novak Djokovic Foundation que está en Belgrado. Ahora realizan actividades muy bonitas en canchas de tenis de uso gratuito que abrieron gracias a la fundación y a los patrocinadores del serbio. Generalmente voy o ayudamos en las actividades porque todo eso va destinado a crear nuevos jardines de infantes. En Serbia, a diferencia de la Argentina, todavía no es tan popular darle esa importancia a la educación inicial. La fundación quiere lograr que todos los chicos lleguen a la escuela con una buena base. Y esas actividades en general se realizan en los pueblos más alejados, lugares que realmente lo necesiten.

– ¿Cuántos fans de Nole hay en la Argentina?

– Muchísimos, aunque no puedo precisar la cantidad. En general, de los que estamos en contacto, somos unos 50, pero se trata de los más involucrados. Siempre hay una diferencia entre los fans como yo, que somos parte de la Nolefam, como la familia de Nole, y los fans “normales” que miran sus partidos, pero que no están tan involucrados en colaborar con la fundación. Novak ama la Argentina y siempre que pudo viajó (por ejemplo para la despedida de Juan Martín del Potro en Parque Roca). Los argentinos y los serbios somos muy parecidos. Novak sabe español, y creo que eso también ayuda al fanatismo entre Novak y los fans argentinos.

– ¿Por qué creés que a Nole muchos lo miran de reojo a la hora de hacer el fansómetro de los tres grandes de la historia con Federer y Nadal? El tiene una relación de contacto personal con los fans…

– Supongo que eso tiene que ver con algo súper externo a Novak, a Roger y a Nadal, y que es el país de nacimiento de cada uno. Se supone que no es lo mismo ser español, suizo o serbio. Ninguno de los tres es antipático. Los españoles y los suizos son un poco más reservados; los serbios y los argentinos no. Entonces creo que también eso tiene que ver con el país, con la historia mundial y otras cuestiones, no con lo que cada uno es.

Los argentinos y los serbios somos muy parecidos. Novak sabe español, y creo que eso también ayuda al fanatismo entre él y nosotros

– ¿Cómo es un día en la vida de la presidenta del club de fans de Novak?

– Cuando estaba en la Argentina era más relajado, porque lo hacía solo desde la computadora o el celular. Ahora que tengo la oportunidad de vivir en Belgrado y estar en Europa, puedo hacer más cosas. No diría que es más difícil, pero sí hay más responsabilidades. También es más fácil conectar con otros fans por la distancia y el cambio de horario. La Argentina está muy por detrás de Europa, y ahora puedo estar en el mismo huso horario en el que se juega un torneo. Eso lo facilita un poco. En general, si juega Novak en un torneo, organizo un grupo de chat para los fans que van a asistir. Es, sobre todo, para juntarnos y estar todos juntos, pero también para brindar consejos. Por ejemplo, si alguien va a Roma: dónde hospedarse, qué lugar sale más barato, a qué hora conviene acudir al torneo, dónde ver las prácticas. En Londres ocurre lo mismo. En Wimbledon es muy difícil: a qué hora hay que ir a acampar, dónde está, qué cosas conviene llevar. Es una ayuda general. En cada torneo monto un grupo nuevo, porque no siempre asisten los mismos fans. Entonces los que ya fueron comparten sus experiencias. Cuando hay torneos es un poco más complejo, porque hay que estar atentos a la hora de la práctica, a cuándo juega Novak, etcétera. Y cuando Novak no participa, me tomo un descanso y reduzco mi presencia en las redes.

– ¿Alguna situación que te haya marcado en tus contactos con Djokovic?

– La primera vez que lo vi tras mi mudanza a Belgrado. Estábamos en la academia, un lugar muy bonito: se miraba tenis, se tomaba un café, se disfrutaba la vista del río. Era hermoso. De pronto apareció Novak para entrenar. Me preguntó cómo estaba y recordaba que yo seguía ahí. Me hablaba todo en español y me preguntaba cómo iba mi serbio. Pobre, todavía le digo: “Vamos de a poquito”. En algún momento supongo que podré hablarle todo en serbio. Ese primer momento fue muy importante, porque él recordaba. Eso me dio más fuerza para seguir echando raíces y estudiar. Su calidez fue muy importante para mí.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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