Bautista Viero, referente del SIC frente a CASI, superó la angustia y continúa jugando hasta el último segundo

14 junio, 2026

De la duda al éxtasis. De la inquietud ante un porvenir incierto a la certeza de un presente pleno de promesas. Repleto de salud, alegría y entusiasmo. Un ciclo largo y complejo de siete meses para Bautista Viero, que terminó con un desenlace tan feliz como cinematográfico.

El 25 de octubre pasado, el joven segunda línea del San Isidro Club era uno de los intérpretes más destacados del campeonato en esa posición. Aquella jornada, su equipo venció 13-9 a su rival histórico y accedió a la definición del Top 12 de la URBA frente a Newman (el Bordó ganó 15-3); el forward venía cumpliendo una actuación destacada en la Catedral. Y a menos de diez minutos para el cierre, un scrum reseteado varias veces lo dejó lesionado e inmovilizado sobre el césped. Con apenas 23 años, Bautista Viero abandonó la cancha en camilla rumbo a un sanatorio cercano.

“Se trató de una luxación en la columna cervical, entre la quinta y sexta vértebra. Una lesión de gran gravedad, pero afortunadamente, sin daño que afecte la médula espinal”, diagnosticó el cirujano Juan Pablo Guyot, vinculado con la Unión de Rugby de Buenos Aires a través de la Subcomisión Médica. El panorama era alentador y a la vez delicado.

“Hay que ser pacientes, actuar con prudencia y esperar la rehabilitación”, indicaron, días después, los doctores Guyot y Enrique Miguens, al recibirlo y atenderlo en el Hospital Universitario Austral, ubicado en Pilar, donde fue derivado.

“Han sido meses duros”, sintetiza Bautista, al ratito de haber completado los primeros 80 minutos desde su regreso al rugby y nada menos que con una victoria agónica y a lo SIC, frente al eterno rival y en el mismo escenario de Octubre. Desbordados sus ojos de emoción y mostrando una sonrisa bien ancha, la figura del encuentro, postergó unos momentos la celebración y charló con LA NACION.

-Partido duro y de definición increíble. Justo en la última jugada.

-Sí, fue un partido durísimo, lleno de emociones. Es que el rugby es así. Sobre todo, este tipo de encuentros. Acá se trata de ganar, y para ganar hay que hacer más puntos que el rival. Por eso hay que meterle hasta el final.

¿Por qué crees que pudieron darlo vuelta y ganarlo, cuando parecía perdido? Es la pregunta que sigue. Y el segunda línea se toma unos instantes para pensar. Arquea las cejas, dibuja una mueca en su rostro juvenil y, a medida que se expresa, va encontrando la respuesta. “¿Por qué ganamos? No sé… Como te decía, en el rugby hay que jugar hasta el último segundo. Eso hicimos nosotros. Y por lo visto, hay que sufrir… Parece que si no se sufre… No vale, ¿no? La verdad, le pusimos mucha garra. Y nunca bajamos la cabeza. No nos entregamos en ningún momento. Por más tarjetas que nos hayan sacado (una colorada a Santos Rubio, por un golpe en la cara, cerca de un ojo, a Jerónimo Solveyra, que probablemente lo deje fuera de las canchas por el resto de la temporada; y dos amarillas, una a Manuel Curuchaga y otra a Benjamín Chiappe, en el primer y segundo tiempo respectivamente)… Por esto otro… Por aquello… O por todos los errores que pudimos haber cometido… Nunca bajamos la cabeza. No nos entregamos. Creo que ahí estuvo el secreto… Fue un partido increíble, realmente”.

-¿Qué sentiste cuando Tomás Meyrelles hizo el try que aseguraba la victoria?

-Uy… Muchas cosas… Muchas cosas…

La garganta se le anuda y la emoción vuelve a salirle por los ojos. Le moja la mirada. Lo desborda. Hace una pausa y sigue.

-Hace seis meses que sueño esto, pensé que me iba a tocar en octubre y me tocó ahora. La verdad, es un regreso ideal a la titularidad.

-Bueno… ¿Y qué sentís después de todo lo que viviste?

-… Fueron siete meses muy duros. Sobre todo, al principio. Muy duros… Todo lo que me pasó lo fui viviendo paso a paso. Había perdido sensibilidad en alguna que otra cosa… Pero todo salió perfecto. La lesión sucedió a fines de octubre y en febrero ya estaba haciendo la pretemporada, con todos mis compañeros del plantel superior. En los entrenamientos me cuidaba, trataba de no golpearme. Hace dos o tres meses, más o menos, empecé a tener contacto, a golpearme. Y desde hace unas cinco o seis semanas arranqué a jugar de vuelta con todo. Tuve un par de amarillas -sonríe-, pero arranqué a jugar. Y acá estoy. Tuve el mejor regreso posible a la titularidad. Mi vuelta no podría haber sido mejor. No podía pedir nada más.

-¿Cómo fue la semana previa? Imagino que la viviste con ansiedad.

-La semana previa fue una gran semana, para todos. La verdad, la disfruté muchísimo, pero muchísimo.

Ya es de noche en San Isidro. Viero habla, vuelca su sentimiento. Mientras tanto, de fondo se escuchan los cantos de los hinchas mezclados con los jugadores. Siguen agitándose las banderas, continúan los saltos, los bailes. Bautista quiere sumarse. Esperó siete meses por esto. Pero aún lo espera la televisión, el sitio web Entre Palos y alguno más con la intención de registrar su testimonio. “Grande Gordo”, lo felicitan. Y lo abrazan… Y le pedir fotos… Y un grupo de chicos, con la camiseta del SIC, se desespera por conseguir retazos de sus vendas. La última consulta es para que diga lo que siente. Es reiterativo. No importa.

-Esperé siete meses por esto. Me lo perdí en octubre, pero se me dio hoy.

Y a la figura del clásico, nuevamente se le empaña la mirada.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

¿Tenés una historia o una pregunta? Contactanos y sumate a Club Midland
Contacto