Federico Martín Aramburú: 42 años de vida entre la intensidad desbordante y un corazón lleno de empatía

10 septiembre, 2026

Vivía la vida con una intensidad desbordante. Sus amigos sostienen que, si estuviera aquí, a los 46 años podría seguir avanzando con una larga lista de proyectos, algunos ya realizados y otros en proceso. Residente en Biarritz junto a su esposa Mary y sus hijos, Faustino, Justo y Santiago, y con la costumbre de viajar de vez en cuando a Buenos Aires para recargar energías. Pero un estallido de locura acabó con su existencia y dejó sus sueños truncados en la madrugada del 19 de marzo de 2022, cuando caminaba por las calles de París tras una acalorada discusión en un bar. Federico Martín Aramburú recibió un disparo en ese día fatídico y, en estas horas, se desarrolla en la capital francesa el proceso judicial que sus familiares y amigos esperan que conduzca a la justicia.

Justicia por Fede, como rezaba la bandera izada el sábado pasado en todas las canchas del Top 14 de URBA y en el test match entre los Pumas y Australia en Mendoza. Justicia para que los responsables paguen y que, al menos, Federico pueda descansar en paz, ya que nada ni nadie podrá devolverle los abrazos de su mujer, el cariño de sus hijos, los besos de sus padres y de sus hermanos (Isidro, el mayor, y Rosario, la menor)… A los abrazos de sus amigos.

Federico Thomann, exjugador del Club Atlético de San Isidro e íntimo amigo de Martín Aramburú, lo definió para LA NACION con una frase: “Se dice que se juega como se vive. Bueno, Fede jugaba como vivía… a full.” Y esa intensidad se plasmaba en la cancha. Oscar Murgier, otro de sus grandes amigos, exjugador de CASI y actual entrenador de su plantel superior, profundizó en la idea: “No le alcanzaban las 24 horas del día… Vivía al máximo”. Los tres compartieron buena parte de sus vidas. Los Federico eran de la camada 1980, y ‘Junior’, de la 1981. “Pero nos llevábamos muy bien y ambas generaciones se fusionaron en una: la ’80/’81”, aclaró Murgier.

Federico Martín Aramburú nació en La Plata el 20 de enero de 1980 y era hincha de Estudiantes. Llegó a CASI siendo un niño, empujado por un amigo de su padre. Completó todas las categorías infantiles y juveniles, hasta integrarse al primer equipo. “Desde muy chico se veía que era distinto”, recordó Thomann, héroe del último título del club de San Isidro, en 2005. “Siempre se comprometía con el equipo y buscaba constantemente que el otro entregara su máximo también. Siempre fue capitán y referente. En todos los lugares donde estuvo.”, afirmó. “Un líder nato. Líder positivo.” Disfrutaba de cada momento, añadió Murgier.

Con una contextura física contundente, el ala o centro destacaba también por su fortaleza mental. “Fede era robusto, pero no gigante. Era rápido, pero no un velocista. En cambio, su mente era muy fuerte”, señaló Junior. Cuando se proponía algo, no paraba hasta lograrlo. Tenía una gran capacidad de convencimiento, porque respaldaba con hechos lo que decía. “Se planteó ser campeón en la M-19, nos convenció a todos y fuimos campeones”, recordó Murgier, con él como pieza clave del último choque ante Champa. ¡Qué presión teníamos…! Y él asumió la responsabilidad y jugó como si nada.”, rememoró. “Las dotes de líder fueron afianzándose con el tiempo.” Y las mostró en todos lados. Incluso en el seleccionado,” apuntó Thomann, aludiendo a los Pumas.

Con el paso de los años, el objetivo pasó a ser jugar en la primera de CASI. En 2003, las cebras disputaron una semifinal del torneo de URBA frente a Alumni, que alineó a Rafael Carballo y Miguel Avramovic, dos jugadores seguidos por emisarios del club Biarritz que los vieron jugar ese día. En ese partido, Martín Aramburú firmó dos tries fantásticos. Y resultó tan impactante para los franceses que decidieron contratar al back de la Academia y descartaron a los jugadores de Alumni.

Federico no se contentó con sobresalir en el club de toda la vida y, entonces, apuntó a la camiseta de los Pumas. Y logró entrar en el conjunto nacional. Se convirtió en el Puma número 623 de la historia. Después, soñó con disputar un Mundial. Y también viajó para estar en esa gran cita. Pero su ambición no se quedó ahí: quería ser titular. Y fue titular. Su nombre y apellido quedaron grabados en el corazón de los fans del rugby argentino como uno de los gladiadores del histórico tercer puesto en la Copa del Mundo Francia 2007.

Su jerarquía y sus ganas de vivir una experiencia profesional lo llevaron a Biarritz Olympique. No le resultó sencillo dejar todo en Buenos Aires, pero tomó la decisión y partió rumbo a Europa en julio de 2004. “Cuando me fui de la Argentina no tenía una idea real de lo que me esperaba. Me costó dejar el CASI e interrumpir mi carrera de Derecho. Mi único objetivo, entonces, era adaptarme al rugby profesional. No sabía si iba a estar un año o si no me sentiría cómodo y a los dos meses iba a volver”, comentó hace tiempo a LA NACION.

En Biarritz fue campeón en las dos temporadas que defendió la camiseta: 2005 y 2006. Luego jugó dos años en Union Sportive Arlequine Perpignan, y otros dos en US Dax, también de Francia. Y en junio de 2010 firmó un contrato de tres años con , de Escocia. Pero tras completar los dos primeros, interrumpió ese vínculo para regresar a Argentina y retirarse en CASI.

Como persona era especial. “Tenía mucha empatía. Siempre ponía primero al otro”, subrayó Thomann. “No por casualidad llegó a donde llegó. Su presencia no pasaba inadvertida. Tenía una intensidad… Una vez, ya grande, me llamó porque quería sacar un vino. Por aquel entonces mi viejo trabajaba en la industria del vino. Y de esa charla nació finalmente un vino. Es que cuando se le metía algo en la cabeza… Compartí todo con él: la amistad, el club, un proyecto laboral. Y la verdad, es un dolor muy grande que ya no esté”, concluyó el otro Federico.

Martín Aramburú vivió la vida a pleno. Hace cuatro años y medio lo asesinaron y ahora se clama “Justicia por Fede”, ese ser que siempre pensaba en el otro antes que en sí mismo.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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