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Franco Davin, destacado entrenador de tenis en Argentina: “Hoy, carecer de un psicólogo en el equipo favorece a la competencia”

28 junio, 2026
Tenis

Franco Davin dejó de competir en su juventud como tenista, a los 27 años, tras figurar entre los 30 mejores en 1990 y conquistar tres cetros del ATP en singles (St. Vincent 1989, Palermo 1990 y Bucarest 1994). Su última participación fue en 1997 y, poco después, comenzó a construir su notable trayectoria como entrenador. En 1998 abrió su salto a la Fed Cup. Después llegó la capitanía de la Copa Davis, con el ascenso al Grupo Mundial incluido, en 2001. Su labor fue creciendo con hitos junto a Gastón Gaudio (campeón de Roland Garros 2004) y Juan Martín Del Potro (ganador del US Open 2009). Con mayor o menor suceso, también asesoró a Guillermo Coria, Grigor Dimitrov, Fabio Fognini y Veronika Kudermetova, entre otros.

Hoy cuenta 56 años y, a casi treinta desde su retirada como jugador, admite que poco echa de menos esa etapa. “La adrenalina la vivo junto a los jugadores, a diario. Y no importa el nivel: cualquier chico que esté realmente comprometido y tenga ganas, me motiva”, le comenta a LA NACION durante una breve visita a Buenos Aires, previa a Wimbledon. Reside en Miami desde 2015 y, desde hace más de un año y medio, forma parte del equipo del talento brasileño João Fonseca, actual 27º del circuito y, recientemente, durante dos semanas, el mejor sudamericano del ranking, hasta que Francisco Cerúndolo (21°) le arrebató esa posición. Fonseca mantiene a Guilherme Teixeira como entrenador desde los doce años, quien decidió incorporar la experiencia de Davin y de otro argentino, Marcelo Albamonte, también técnico y matemático deportivo, vinculado a Davin en la plataforma de datos y estudios de tenis Game, Set, Math.

En el reciente Roland Garros, donde Fonseca alcanzó su mejor rendimiento en un Grand Slam al avanzar a cuartos de final y eliminar, entre otros, a Novak Djokovic, se vio a Davin más efusivo en la grada. Se muestra muy ilusionado con el proyecto, incluso tras más de 25 años de trayectoria como entrenador.

“Con João disfruto mucho por todo el equipo que tiene y por la estructura, que es algo que hoy valoro para considerar un puesto. Aparte de que me agrada él, su modo de pensar, su personalidad, su familia y todo su equipo; hoy, armar un buen equipo es difícil. Y es muy complicado competir contra los europeos. No es casualidad que los europeos tengan a los campeones (de Grand Slam) de los últimos años, salvo Gaudio, Del Potro…”, expresa el pehuajense, que suele enlazar varios temas en sus charlas. Le entusiasma el juego en sí, su parte lúdica, pero también ha crecido como formador de campeones por estar atento a cada detalle, analizarlo, anticiparse y entender el porqué de las situaciones.

“Hoy te llega tanta información por todos lados que a veces se pierde un poco el foco, no solo de los jugadores, sino de todos. Por eso el objetivo de ahora es que entren en la cancha para rendir al máximo sin pensar en un contrato más, en el aliento de la hinchada o en la familia o en lo que sea. Si hoy estás a cinco puntos, trata de jugar los cinco. Si llegas a nueve, juega los nueve. Es todo un desafío”, relata, inquieto, el único coach argentino con dos trofeos de Grand Slam.

Y profundiza la idea: “Por ejemplo, en el último Roland Garros. João termina haciendo cuartos de final, algo que nunca en su vida había logrado. Antes del torneo firmábamos ganarle a Djokovic, a Casper Ruud, a Dino Prizmic, que es muy bueno. João venía de un dolor en la muñeca, de una gira de once semanas, algo nuevo para él, ya que nunca había hecho una gira tan larga. Para él fue un gran torneo; para la hinchada brasileña u otras personas no lo sé, posiblemente se ilusionaba con que podía ganar el torneo, que era Guga (Kuerten) y si escuchás todo lo que dicen se te puede ir la cabeza para cualquier lado. Hubo mucha gente que me dijo: ‘Bastante bien, João’. ¡¿Cómo que bastante bien?! ¡Muy bien! Hay comentarios que son difíciles de manejar”.

-¿Cuáles son las preocupaciones de los tenistas actuales en comparación con los de hace diez o quince años?

-La parte psicológica. Y es lo más importante. Hoy, no tener un psicólogo en el equipo es dar ventaja; tiene que estar. Hoy, para entender cómo funciona todo, tenés que tenerlo. Incluso nosotros, los del equipo, que aprendemos un montón de cosas nuevas por las redes sociales, por la exposición y demás. Lo que se vive es totalmente diferente a diez o quince años. Antes, el jugador estaba en la habitación y estabas tranquilo. Ahora está en la habitación, le ves la cara cuando sale y, quizás, es otro, porque lo prendió fuego el celular. Yo les digo que es importante hablar todo lo que les pasa, que no sientan vergüenza en contar. Esa honestidad es la que te hace estar bien y mejorar. Como también es importante saber lo que los rodea. A mis jugadores les digo que lean quiénes son sus sponsors, que vean a qué se dedican, cómo empezaron, para estar en el contexto. O, cuando llegás a las ciudades, informarte sobre ellas. Les pido que si tienen un libro lean cinco hojas por día, que no intenten leer medio libro de una porque no van a tener tanta capacidad de atención. Si los jugadores tienen preocupaciones, me gusta que las cuenten. Hoy los papás están mucho más presentes que antes. Cuando yo jugaba, hablaba con mi papá con una moneda de cinco francos o con una tarjeta que tenía sólo unos minutos; hoy es permanente el contacto. Entonces, no podés decirle a los jugadores: ‘No hables con tu mamá o con tu papá’. Hay que aprender a hacer las cosas. Hoy la mayoría tiene dos entrenadores; es normal y está bien. Acá en Argentina, por ejemplo, hay grandes entrenadores, no sé si para viajar, pero sí de consulta y veo un poco de miedo en los equipos para abrirse para ver qué piensa tal o cual. Hay una ventaja: que ese tipo experimentado está viendo los partidos, entonces puede dar una mirada perfectamente. Los Pancho Mastelli, los Tony Pena, los Tito Vázquez; el que te guste. O de nuestra camada, los (Eduardo) Bengoechea, Luli Mancini, que ahora está haciendo un muy buen trabajo con Navone. Podés estar de acuerdo o no, pero acá siempre se trabajó bien y esas personas son útiles.

-Cuando estás en los torneos, ¿te alimentás de charlas con otros extenistas? Siempre tuviste química con McEnroe, Becker, Wilander.

-Sí, cuando los veo sí. Pero lo que noto en el circuito en general es que los McEnroe, los Wilander, por mencionar a algunos, pasan un poco desapercibidos para los jugadores. Son tipos ideales para hablar, porque lo ven bárbaro. Courier, por ejemplo, es bárbaro cómo analiza el tenis. El mismo Roddick, en su podcast. Por ejemplo, ahora en París, con (John) Isner, fuimos caminando al torneo desde el hotel, justo João lo había mencionado después de ganarle a Djokovic con tres aces en el final. Ellos están en la televisión, hablas de lo que hoy sienten los jugadores. Lo que pasa es que Estados Unidos y Europa tienen una diferencia muy grande con todos los demás. Los estadounidenses no sienten toda la presión porque es un país en el que no te están tan atrás, hay otros deportes más populares, entonces los ves más cómodos. El sudamericano tiene una cabeza aguerrida, muy buena, detrás tiene gente que trabaja bien y está compitiendo contra tipos que te sacan mucha ventaja desde que empezaron a jugar al tenis. ¡Desde que empezaron a jugar! Porque, para los de Europa, ya desde que son chiquitos es muy fácil ir, volver, dormir en la casa, estar con su familia, con los amigos. En Sudamérica se hace todo muy cuesta arriba y, encima, es difícil conseguir apoyo económico. Por eso volvemos a lo mismo: los que ganan los torneos grandes son los europeos. Se juega cada vez más rápido, las condiciones son diferentes a las de Sudamérica. Antes mencioné una gira de once semanas de João; es imposible que un europeo haga eso. El jugador sudamericano siempre quiere volver. El otro día le digo: ‘João, ¿qué es lo que más extrañas?’. Me dice: ‘Mi cama, estar en mi casa’. Y la mayoría te dice lo mismo. Es real. No importa que tengas la chance de estar en un hotel cinco estrellas o en una casa alquilada espectacular. Siempre quieres volver a tu casa, a lo tuyo, ir a entrenar a tu club, comer en tu casa con tu papá y tu mamá, estar con tus hermanos…

-Por eso siempre se ha dicho que un título de Grand Slam de un sudamericano implica un esfuerzo tres o cuatro veces mayor que el de un europeo o norteamericano.

-Sí, por supuesto. Acordate Gaudio en Roland Garros o Del Potro en el US Open: fueron esfuerzos gigantescos. João ahora jugó Roland Garros, volvió a Brasil y, días después, viajó a la gira en césped. Esas pequeñas cosas se traducen en puestos del ranking. El europeo te gana en esa pequeña recuperación, en esa tranquilidad mental. Por ejemplo, pierdes en Madrid, te vas a casa ese mismo día y luego vas a Roma mucho más fresco. Mientras tanto, el sudamericano atraviesa viajes constantes, con la misma maleta… Puede que quien lea esto diga: ‘Qué barbaridad dice este.’ Pero cuando sumas haber ido a Australia y regresar, haber ido a la Copa Davis y regresar, haber ido a la gira norteamericana y regresar, a la gira europea y regresar, te acuestas y te preguntas: ¿Dónde estoy? El europeo y el estadounidense tienen muchas ventajas en ese aspecto. Ni hablar de las facilidades de federaciones como la francesa, la estadounidense, la inglesa o la italiana ahora. Los obstáculos para entrenar y la infraestructura son increíbles.

-A Del Potro empezaste a entrenarlo a los 19 años, la misma edad que hoy tiene Fonseca. ¿Encontrás similitudes entre ellos, en sus virtudes, pero también en sus incertidumbres?

-Sí, veo similitudes. A Del Potro lo veo… y cada vez más, como un jugador excepcional. De vez en cuando te preguntas: ‘Ojalá Juan estuviera aquí…’. Muchos me dicen que se le extraña. Y João genera esas ganas de verlo jugar, como ocurría con Juan. Tiene 19 años, casi sin muchos combates y con numerosos triunfos, pero aún tiene mucho por pulir. Tiene temple y es muy competitivo. Hablamos de todo un poco. Hoy, los equipos de los jugadores son muy grandes y eso conlleva riesgos. Les sugiero a los jugadores hacer tres listas: una con las personas con las que conversan sobre tenis, que no deben ser muchas; otra con la familia; y una tercera con los amigos, para la recreación. Y evitar mezclar. Si empiezas a hablar de tenis con cualquiera, entran muchos comentarios y se arma un enredo mental. A los familiares les recomiendo conversar de tenis con los entrenadores, preguntar todo lo que necesiten. Porque la opinión de un familiar impacta mucho en el jugador. También hay que estar atentos a los procesos. La transición al profesionalismo es muy difícil, porque los resultados, por lo general, no llegan rápido. Si se pierde, se cambian equipos y estructuras de golpe, lo que no es recomendable. Volviendo a João, me encanta la gente que lo rodea, dónde se entrena en Río, allí está tranquilo. Lleva su tuper con la comida que le preparan en casa y la come ahí, feliz con los chicos de la academia. Es un entorno sin lujos; todos comparten esa línea. El tenis brasileño está creciendo mucho, están haciendo bien las cosas. Ves la bandera brasileña por todas partes, cosa que antes no ocurría. Hay chicas y chicos, y no es solo por João, sino que están haciendo las cosas bien desde hace tiempo. A diferencia de la época de Guga, Brasil está aprovechando a Fonseca y está preparado para su despegue.

-¿El drive de Fonseca se parece al que tenía Del Potro?

-Sí. Primero, porque generan una sensación de asombro en la gente que es única. Quizás eso lo tenía Feña González. En ese sentido, João y Del Potro son muy parecidos: es un impacto que genera un ruido especial. El otro día me decía una jugadora: ‘Lo veo a João y quiero probar su raqueta, porque me da la impresión de que me saldrá así y sé que no’. Con Juan ocurría lo mismo. Era un impacto seco, violento y natural. Y eso el rival también lo siente, porque llega una pelota muy complicada. Ni Federer, ni Djokovic, ni Nadal tenían ese tipo de tiro. El de Alcaraz es rapidísimo, pero con más efecto. Al principio, Juan abusaba un poco y le pasa lo mismo a João, porque sabe que causa daño, y le gusta.

Fonseca y su equipo tras el éxito ante Djokovic en París

-Con Albamonte, que es parte de tu equipo, estudian los datos y las estrategias. ¿Qué tendencia ven en el circuito actual?

-Hoy todos le pegan muy bien y muy fuerte a la pelota, pero no hay mucho análisis del juego o entendimiento por parte de los jugadores. Los que entienden un poco más de jugadas, hacen la diferencia. Hay muchos a los que no les interesa analizar, porque eso significa más presión, más trabajo. Juegan más a tiros que a jugadas. Pero en los momentos importantes, muchas veces, bajan el nivel porque dependen mucho de la precisión. Pero cuando empiezan a entender más del juego, mejoran.

-¿Por qué hay tanta diferencia entre Sinner-Alcaraz y el resto?

-Porque pegan a una velocidad altísima, sacan bien, volean bien… pero, además, entienden del juego, de jugadas.

-Alexander Zverev ganó el último Roland Garros. ¿Su carrera merecía un título de Grand Slam?

-Sí, claro. Pero hago esta lectura. Si antes de que ganara Roland Garros, ponías quince carreras de jugadores que ganaron Grand Slams y las comparabas con la de Zverev, no sé si te quedabas siempre con las de los ganadores de Slams. Y ahora era difícil la situación que vivió, porque desde que perdieron Sinner y Djokovic muy temprano, él escuchaba todo el tiempo: ‘Tenés que ganar, tenés que ganar, tenés que ganar’. Y lo aguantó. Es un jugador increíble.

-¿La industria del tenis se está adaptando a la ausencia del Big 3?

-Sí. Daba la sensación de que los retiros de Roger (Federer) y Rafa (Nadal) iban a ser un gran golpe. Pero pienso que Federer, Nadal y Djokovic hicieron que el tenis ahora sea un evento mayor, una experiencia. Ves los torneos explotados de gente y les preguntás a muchos y ni saben qué están haciendo ahí. ¡Pero es un mundo de gente! Muchos no van a ver un partido específico. Antes comprabas una entrada para ver a alguien en particular; ahora se pasan el día, se toman un café, se compran una remera, ven el entrenamiento de uno, el show que hacen en el torneo y la pasan bárbaro. Hoy es muy lindo ir a un torneo de tenis y eso, para mí, es gracias a ellos tres. Y quedó una estela.

-¿El padel y el pickleball pueden ser amenazas para el tenis?

-Para mí no son competencia. Son juegos. Para mí el padel es un juego. El pickleball para la gente grande es bárbaro, el ruido de la pelota también es un incentivo y la pasan bien. Te pueden sacar gente, pero no son una amenaza. ¿Por qué la gente grande juega dobles? Porque no les da el físico. Entonces, si hacés una cancha de tenis más chica, te atrapa; eso pasa en el pickleball. El padel, para mí, es otra cosa. Yo hago otra pregunta: ¿quién es el Federer, el Musetti o el Nadal del padel? Ninguno, porque hay una sola técnica. En el tenis cada uno tiene su estilo, por eso hay hinchas de Federer, de Nadal, de Djokovic, del que sea… Que nadie se enoje, pero en el padel no sé si hay uno que juegue con revés a una mano, otro con la muñeca suelta, otro con otra técnica, no sé. El error de foco del padel es querer competir contra el tenis; que no compitan contra nadie, que lo están haciendo muy bien así. Dicen: ‘Llevamos más gente. El prize money del tenis…’. El tenis genera algo distinto, por suerte. El Big 3, más Serena, Sharapova… todos esos generaron una explosión muy grande. Ahora que arranca Wimbledon: estar ahí es vivir una experiencia increíble.

-¿Djokovic es, definitivamente, el más grande de la historia?

–Es como decir Messi o Maradona. Son debates. Son genios los dos. Técnicamente, Federer me encantaba. Pero Djokovic, lo que ha demostrado, es increíble. Y me gustó mucho el Nole que ya no tenía el mejor tenis. Por ejemplo, el que le ganó a Alcaraz la final de los Juegos Olímpicos de París (2024); fue una locura. Ya no era el mismo, pero hizo un esfuerzo mental de locos. Después, el partido en las semifinales de Australia (2025) que le gana a Alcaraz, lo mismo. Eso de Djokovic es una locura, porque estando en su mejor momento, les pintaba la cara a todos, como Federer. Pero el otro Nole, con más limitaciones, es aún más destacable. Hoy tiene mucho más reconocimiento que antes y se lo merece. Le costó lograrlo. Tiene mucho reconocimiento de los pares, de los más jóvenes. Uno a veces les dice a los jugadores que vayan a ver a estos grandes, que se fijen en lo que hacen antes de los partidos, en los entrenamientos, en la recuperación. Yo le decía mucho a Juan que se fijara en Roger.

-¿Qué radiografía hacés de los tenistas argentinos?

-Me gustan los chicos que están. Son todos muy buenos chicos, los veo bien. Por ahí no hay un Del Potro o esos jugadores de súper elite que Argentina siempre tuvo, pero hay buen material. Me preocupa más el tenis juvenil. Por ejemplo, yo hablo con Carlitos González, mi profe de Pehuajó, y cuesta mucho, se ha caído mucho el tenis del interior. Obviamente, el magnetismo por Messi y el fútbol te sacan chicos. Pero el costo para jugar es alto, todos se quejan. Mismo los entrenadores, para alquilar las canchas: es caro. Para los padres es caro. Hoy el tenis se hizo un deporte caro. Entonces, no es tan fácil armar a un jugador.

-Además, en la Argentina hay limitaciones de infraestructura. Mientras el circuito se juega mayormente en superficie dura, acá los jugadores sólo se forman en canchas de polvo de ladrillo.

-Sí, pero sí o sí hay que cambiar la manera de competir en la cancha que sea. En Argentina las canchas de polvo son lentas, mientras que hoy, en el circuito, las de polvo son más rápidas. La formación de los chiquitos está buenísima que sea en tierra, porque ahí se trabaja bien la técnica, pero después, enseguida, hay que tener competencia en la cancha rápida. Hoy hay una salida en el tenis universitario en Estados Unidos, porque en tres meses jugás 30-40 partidos en cancha rápida. En Roland Garros un chico argentino que está de entrenador me decía que, si él pudiera volver el tiempo atrás, le gustaría aprender más en cancha rápida. Y hoy, un chico de 17, 18, 19 años todavía es chico y el college es una buena experiencia y te fogueas. Porque acá, lamentablemente, no está la estructura. Ahí ya damos una ventaja grande. Hay que incorporar la cancha dura sí o sí. En el circuito de hoy los torneos importantes sobre polvo son cuatro: Roland Garros, Roma, Madrid y Montecarlo.

-Hay fuertes versiones de que la gira sudamericana ATP podría pasar a superficie dura en los próximos años.

-Es lo que se habla. No me llamaría la atención porque los jugadores, ya en el polvo de ladrillo, no juegan tanto. Vas a Australia para luego bajar al polvo, para después ir al cemento a torneos importantes, entonces no le vas a dar prioridad a la tierra. Por eso ya no hay que hacer jugadores dependientes del polvo de ladrillo. Los nuestros siempre van a ser buenos ahí, es natural, pero tienen que mejorar en cancha dura, porque en los torneos grandes será difícil pasar partidos. Hoy, Francisco Cerúndolo es el que más partidos gana. Pero lleva tiempo. Y fijate que tampoco hemos tenido grandes actuaciones en Roland Garros en los últimos tiempos. Entonces, no es que la gira de tierra te asegura un batacazo.

-¿Que hay que hacer en Argentina para que surja un nuevo Del Potro?

-Nooo… es muy difícil. Un nuevo Del Potro, Gaudio, Nalbandian, Puerta, Coria… Olvidate. Por lo pronto, tenés que tener muchos chicos jugando, para que haya más posibilidades. Eso es lo que está pasando en Brasil. No es que hay una academia: hay muchas. Y acá, antes, era lo mismo. Todos los pueblos estaban explotados de chicos jugando al tenis y ya veías que algo podía surgir. Mi profe de Pehuajó me cuenta que a veces que no llega a armar un torneo por la poca cantidad de chicos. Y después está el costo alto. Hoy, un padre, para dejar de trabajar y llevar a jugar y viajar a su chico, ¿cuánto tiene que gastar? Hay un papá, no importa quién, que hace poco me dijo que sacó la cuenta y gastaba el valor de un auto por año. ¿Qué familia puede gastar un auto por año solo en el tenis del chico? Ahí es donde está la traba. Porque, acá, la materia prima recontra está. Hay que estudiar el tema y hacer algo.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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